Koruko kideentzako sarrera

Historia

(GURE ARTXIBOETAN EASO ABESBATZAREN HASIERARI BURUZKO DOKUMENTU BAT AURKITU GENUEN, NON BERE SORRERA ETA LEHENENGO HIRU HAMARKADETAKO HISTORIA AGERTZEN ZAIGUN,KRONIKA UMIL BAINA ATSEGIN BATEN BIDEZ. BERAK IDATZI BEZALA TRANSKRIBITU DUGU, BERE LUZERAGATIK ZATI BATZUK KENDUZ.)


ASI NACIO EL CORO EASO.

Corren las postrimerías del año 1939. Muchas de las familias que evacuaron San Sebastián al estallar la guerra civil han regresado ya a sus hogares. Los que tomaron parte activa en la contienda lo van haciendo paulatinamente y en virtud de la suerte señalada a cada combatiente por la ruleta de la vida y que para más de uno supuso un viaje sin retorno.

Entre los supervivientes provenientes de todos los puntos de la Rosa de los Vientos figuraban también aquellos que estaban llamados a formar parte del Coro Easo y cuyo lugar de encuentro fue el Bar Restaurante Agote, situado en la calle del Puerto y que antes de la guerra era conocido por “Trabuco”, propiedad de Manolo Aguirre , muy concurrido por pelotaris y toreros y donde el bueno de Jardines, acreditado limpiabotas de la localidad, desplegaba toda su ciencia de torero de salón. Aquí fue donde los que iban regresando de la “excursión” llegaron a formar un grupo integrado mayoritariamente por antiguos componentes del Orfeón Donostiarra y del coro denominado “Los Cosacos de Zaraustarkoff”, todos ellos arropados por un incondicional círculo de amigos que, a no mucho tardar, llegaron a constituir, los primeros, el núcleo principal del Easo, y, los segundos, los socios protectores del mismo.

Sí, el Agote fue refugio y santuario de aquellos a los que el destino brindó la oportunidad de agruparse para cultivar arte y amistad en unos momentos en que todo hacía falta para hacer frente a la nueva situación.

Que bálsamo para nuestro espíritu las noches del sábado en que nos era dado disfrutar de la magia de aquellas veladas sabatinas en que, una vez reunidos en aquel inolvidable txoko, situado en el corazón de la Parte Vieja, dejaba de contar todo lo que fuese ajeno al palpitar que se vivía en aquel, para nosotros, recinto sagrado y cuyo recuerdo ya nada podrá borrar de nuestras vidas.

Pero Emilio Agote no solo nos dio cobijo bajo su techo, sino que además, nos prestó toda su poderosa autoridad cuando el Coro actuaba. Tal era su celo que si en uno de esos momentos de íntimo recogimiento, la audición era perturbada por algún intruso, allí estaba él para imponer orden y silencio con su peculiar sentencia < El Coro es sagrado>. Y si alguien osaba desobedecer su imperioso mandato pronto quedaba expuesto a ser sometido a la “carrera del señorito” y a verse de patitas en la calle.

¡A cuantos sucedidos y anécdotas surgidas al calor de sus actuaciones podríamos referirnos para describir el ambiente que rodeaba a las mismas! Sirva de muestra la vigorosa estampa de aquellos arrantzales que, más de una vez, en pleno invierno y en medio del siniestro ulular del viento y la lluvia en el rostro, hacían un alto en su nostálgico caminar hacia el puerto, inmovilizados por los ecos de una canción que, a modo de invitación, les impulsaba a entrar en el Agote, convertido en templo musical y, una vez allí, apoyados en el mostrador en postura reveladora de su fugaz estancia, tomarse una copa escuchando con el mayor respeto la audición.

Con el transcurrir del tiempo el grupo fue perfilando cada vez más su personalidad bajo la batuta del que iba a ser indiscutible primer Director del Easo, y que anteriormente lo había sido de los Cosacos de Zaraustarkoff, Angel Galarza, predestinado por sus calidades innatas a subir al podium.

Y ahora cabe preguntarse; ¿Se habría constituido el Coro Easo si muchos de los que llegaron a formar parte del mismo hubieran podido reingresar, sin más, en la agrupación a la que habían pertenecido antes de la contienda, El Orfeón Donostiarra, sin someterse a una torpe e incomprensible discriminación?

Y esto se dice ahora y en esta ocasión, sin ánimo de resucitar antiguos fantasmas que a nada constructivo conduciría, por que callarlo sería hurtar a la historia del Coro Easo un hecho que pudo influir decisivamente en su nacimiento y que al fin y al cabo pudo ser un reflejo más de las circunstancias que le tocó vivir y que ya en el año 1940, para salvar las presiones a que se vio sometido, le obligaron a ponerse bajo la tutela de la Delegación Sindical Provincial de Guipúzcoa, donde figuró, al menos oficialmente, y no por mucho tiempo, como Coro Easo de Educación y Descanso, lo cual evidencia que no fue precisamente un camino de rosas el que jalonó los primeros pasos formales de la Agrupación.

En el presente, con la perspectiva del tiempo transcurrido y en el declinar de nuestras vidas, podemos apreciar en toda su intensidad, los que fuimos sus fundadores, cuanto romanticismo y entrega hubo en aquel grupo que supo crear y mantener una obra tan hermosa y fecunda como es hoy el CORO EASO y la gesta que representó darle vida en circunstancias tan adversas como le tocó vivir.

Una vez constituida legalmente la Agrupación en el año 1941 se procedió a inscribir como socios protectores, con la cuota mensual de tres pesetas, al cada vez más amplio círculo de seguidores que ya en el año 1949 alcanzó el número de 536, siendo el primero en inscribirse como tal Daniel Adrián, que todavía sigue figurando en el Registro con el Nº 1. (Nota del transcriptor; En la década de los 2000, fallecido Daniel Adrián , en su memoria y como homenaje, continúa siendo el Socio nº 1, su viuda Fausti Abarrategui).

El Coro Easo, desde sus primeros momentos, contó con elementos de tal valía que bien se puede afirmar quer un 50% de sus componentes podían actuar como solistas, tal como ocurría en la canción “Ume eder bat”en la que muchos de ellos llegaron a intervenir como tales.

También merece una mención especial la relación establecida entre el Coro Easo y el pueblo de Bilbao a través de los conciertos benéficos organizados por el singular personaje bilbaíno que fue Don Guillermo Asteinza (q.e.p.d.) con la muy estimable colaboración de Koldo Larrañaga. Este contacto se estableció por primera vez en el año 1960 y duró hasta el 76 a través de diecisiete actuaciones ininterrumpidas.

Del relieve alcanzado por estos conciertos es fiel exponente la antelación con que se agotaba el taquillaje antes de su celebración, que a más de uno obligaba a recabar la mediación de personas influyentes cerca de la organización para conseguir una entrada, después de ser atendidos los cerca de 200 socios que el Coro Easo llegó a tener en Bilbao y su provincia, testimonio elocuente del arraigo que llegó a tener su presencia en la provincia hermana, que tan bien supo reflejar el grupo de socios vizcainos en el exquisito trato que en todo momento dispensaron a la expedición Donostiarra, lo que se hace constar por ser de estricta justicia su reconocimiento.

Efectivamente, el ambiente que se respiraba antes, durante y después de la celebración de estos conciertos adquirió perfiles tan particulares que la proyección de los mismos llegó a desbordar su estricto marco musical para convertirse en auténticos acontecimientos dentro del transcurrir ciudadano de la Villa del Nervión, hecho este que pudo influir positivamente en el resurgir de los coros vizcainos al comprobar que existía una agrupación guipuzcoana que a pesar del “corsé”, había conseguido formar un conjunto coral capaz de conquistar trofeos internacionales.

Así, no era de extrañar que sus actuaciones suscitasen tantas reacciones y comentarios, cual el expresado por un socio bilbaíno al filo de una de ellas: ”Es posible que la presencia del Coro Easo en los escenarios vizcainos esté estrechando unos lazos fraternales entre las dos provincias que más de una vez el fútbol ha venido a deteriorar”.

¡Ojalá en el futuro el Coro Easo pueda llevar amor y amistad donde tanto odio existe!
 

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